Los cuidadores realizan una sesión de entrenamiento en las piscinas exteriores mientras alimentan a los animales: señales con las manos, un silbato y un balde de pescado. Lo que parece un espectáculo es en realidad trabajo de cuidado: los mismos comportamientos que hacen que un león marino se dé la vuelta o se quede quieto en la plataforma son los que le permiten a un veterinario revisarle los dientes, sacarle sangre o examinarle una aleta sin estresarlo.
Las sesiones duran unos veinte minutos e incluyen una explicación de lo que significa cada señal y por qué se enseña. La zona de salpicaduras está marcada, y es exacta.